Hoy se cumplen tres meses desde que abrimos este blog, aunque realmente empezamos a dotarlo de contenido a partir de enero de este año. Poco más de mes y medio publicando entradas, en los que han intervenido dos autores con reconocida trayectoria.
Por un lado, Rafael Pinilla Pallejá, uno de los pioneros en Renta Básica en España, que ya hizo un modelo de implementación de un sistema de Renta Básica en España en el año 2004, y que gracias al impulso de este blog ha vuelto a publicar sus investigaciones acerca de modelos de renta básica y planteado cuestiones esenciales para su implementación. Ha expuesto en este blog su propuesta de "Renta Básica para la Ciudadanía" y realizado una serie sobre la viabilidad política de la Renta Básica entre otras entradas interesantes y de actualidad como comentar la entrevista realizada a Julio Ramsés, jefe de inspectores de Hacienda y su propuesta de incluir el Impuesto Negativo sobre la Renta, la realizada por José Antonio Noguera de su artículo "el camino transitable a la Renta Básica" o las propuestas recién presentadas por Ciudadanos.
Por otro lado Luis Sanzo, quién ha colaborado activamente en el blog, exponiendo interesantes análisis a partir de la experiencia de la Renta de Garantía de Ingresos (RGI) que él mismo impulso en el País Vasco y planteamientos que van más allá de ese modelo con su serie de entradas sobre el coste de las políticas de garantías de ingresos.
La motivaciòn de este blog es generar propuestas que puedan ser incluidas en los programas políticos de los partidos. Propuestas que deben ser realistas, rigurosas en su análisis y factibles en su implementación y que sobre todo contribuyan a dignificar las condiciones de vida de la población más desfavorecida (recordemos que recientes estudios cifran en un 27% la población española en riesgo de exclusión) y por otro lado que sean medidas que tengan efectos positivos sobre la economía española. En un año con elecciones autonómicas y a la vuelta de la esquina de unas elecciones generales creemos que es responsabilidad de toda la sociedad generar un debate público y una presión social para que las cuestiones más relevantes que afectan a nuestras vidas sean objeto de análisis y sean incluidas en los programas electorales de los diferentes partidos, Nosotros creemos que la Renta Básica o sus diferentes aproximaciones más o menos modestas merecen esa atención.
En este momento, creemos que ha llegado el momento de invitar a nuestros lectores a colaborar en este debate, aportando nuevos análisis, comentando artículos que aparecen en otros medios o planteando otras opciones, en resumen, enriqueciendo este debate. Para ello, os invitamos a escribirnos a larentabasicaquepodemos@gmail.com o contactarnos vía Twitter @RBPodemos o Facebook www.facebook.com/larentabasicaquepodemos
Saludos y gracias por seguirnos y difundir!
Alberto Gavín
España 2018: ¿Cómo podemos contribuir a garantizar a toda la ciudadanía unos ingresos mínimos hoy y aquí sin perder de vista el ideal de garantizar una renta básica universal para toda la humanidad como un derecho de ciudadanía?
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jueves, 19 de febrero de 2015
lunes, 2 de febrero de 2015
Sobre la viabilidad política de la Renta Básica de Ciudadanía. Comentarios de Luis Sanzo al análisis de Rafael Pinilla
Sobre la viabilidad política de la Renta Básica de Ciudadanía. Comentarios a la contribución de Rafael Pinilla
El análisis de Rafael
Pinilla sobre la viabilidad política de la Renta Básica de Ciudadanía resulta
de enorme interés. Introduzco a continuación algunas ideas que intentan
contribuir al debate.
No habrá sistema digno de garantía de ingresos sin
aceptación política y social del carácter incondicional del derecho a la
existencia
El principal obstáculo para la consolidación de un sistema de garantía
de ingresos eficaz en España ha sido la falta de compromiso suficiente con los
sistemas de última red por parte de los partidos políticos hasta ahora
mayoritarios en el ámbito estatal. La principal expresión de esta actitud ha
sido la falta de apoyo de la Administración del Estado a los sistemas de Rentas
Mínimas Autonómicas. Hasta ahora, el Estado nunca se ha planteado con seriedad la
integración de estas prestaciones autonómicas en el modelo general de
protección del Estado.
Algunos aspectos relacionados con la lucha política entre partidos
explican en parte este distanciamiento. Uno de ellos es que el primer sistema
de garantía de ingresos nació en el País Vasco, en contra además de la posición
expresada por el Gobierno de España. La extensión del sistema a otras
Comunidades Autónomas, en particular a la de Madrid, también se enfrentó en sus
orígenes con la postura estatal. Es un nacimiento en falso que, en cierta
forma, nunca ha sido por completo asimilado por los partidos dominantes en
España, al menos en lo que se refiere a las estructuras centrales de esos
partidos. Otra cosa ha sido la actitud de sus organizaciones regionales, en
general mucho más abiertas a la promoción de estas medidas.
Otros factores han tenido igualmente importancia. El más destacado de
ellos se relaciona con la complacencia con la que la elite política, intelectual
y, en ocasiones, académica ha considerado el sistema de protección estatal
hasta finales de la pasada década. Eran muy pocos, dentro de esa elite, quienes
reconocían las todavía importantes limitaciones en este sistema.
Esta falta de perspectiva crítica tenía algunos fundamentos reales,
entre ellos el aparentemente imparable avance hacia el bienestar de la
población ocupada de forma estable y de la población pensionista. No conviene
dejar de reconocer los elementos fuertes del modelo de desarrollo del periodo
posterior a la Transición en España. Uno de los principales éxitos del modelo
social español ha sido el avance señalado, una mejora que ni siquiera la crisis
económica se ha llevado del todo por delante.
La satisfacción dominante entre los grupos más favorecidos, claramente
mayoritarios dentro de la sociedad, explica que la perspectiva social dominante
hasta la crisis nos haya dejado como legado algunos planteamientos ideológicos
poco favorables a medidas de protección de voluntad universalista, como la
Renta Básica o las Rentas Mínimas. El principal de estos obstáculos ideológicos
es el énfasis dominante en la idea de contribución o cotización previa como
base justificativa del acceso a la protección en caso de necesidad.
Otra idea socialmente muy extendida que tampoco favorece la aceptación
social de la Renta Básica o de las Rentas Mínimas es aquella que sostiene que
el futuro de cada persona, en particular a través del acceso a un empleo
estable, depende ante todo del esfuerzo personal. Este esfuerzo es
particularmente relevante, en esta visión de las cosas, en los momentos
iniciales de la vida laboral, precisamente cuando las personas jóvenes deben
mostrar su máxima disposición a adaptarse a cualquier exigencia externa para
conseguir prosperar en la vida.
La síntesis de este conjunto de ideas era, al menos antes de la crisis, la
percepción de que, dado que a largo plazo toda persona trabajadora era capaz de
“colocarse” en el sistema productivo,
y que el sistema de protección permitía mantener en gran medida los ingresos de
desempleados temporales y pensionistas, este sistema se acercaba poco a poco a
un funcionamiento óptimo. Esta visión de las cosas parecía plenamente lógica
para la gran mayoría hasta septiembre de 2008.
La realidad es que estas ideas han tenido tanta fuerza, y han estado tan
extendidas, que explican en buena medida que no haya existido hasta ahora una
demanda mayoritaria en España, ni en el ámbito político ni en el social, de una
extensión del proyecto de universalización de una garantía de ingresos
suficiente más allá del trabajo y de la protección basada en la cotización. Al
contrario, existen grandes reticencias en amplios sectores hacia prestaciones
que, como las actuales Rentas Mínimas, beneficiarían a personas que no han
aportado lo suficiente a la sociedad (en forma de cotizaciones o de otro tipo
de contribución social) para ser merecedoras de ellas. Estas reticencias ante
las prestaciones aumentarían más claramente en ausencia de límites temporales a
las ayudas y en caso de falta de capacidad de las entidades gestoras para
determinar quiénes las merecerían y quiénes no.
Teniendo en cuenta lo señalado, es lógico que se plantee la parte de
responsabilidad social que es exigible de personas susceptibles de beneficiarse
de las Rentas Mínimas o de la Renta Básica, en particular cuando no hubiesen
aportado previamente algo a la sociedad, por la vía del trabajo y de las
cotizaciones sociales. Es así probable que una parte sustancial de la población,
quizás mayoritaria, se oponga a garantizar a cambio de nada un mínimo de
ingresos, en especial si hay sospechas de que esta política pudiera beneficiar
a personas a las que pudiera calificarse de vagas, caraduras o defraudadoras.
Pero ahí no radica, en realidad, el problema principal. La cuestión
básica es que la sociedad española, como sus partidos mayoritarios, no ha
asumido hasta ahora la necesidad de profundizar en las implicaciones asociadas
a la aplicación efectiva del derecho a la existencia, o a la vida como dice la
Constitución Española. El respeto a ese derecho supone asumir la idea de una
garantía de ingresos para la supervivencia dirigida al conjunto de la población.
Es sin duda conveniente tratar de compatibilizar este derecho con la
responsabilidad social de quienes se beneficien de él pero la aplicación de ese
derecho básico tiene prioridad.
Por esa razón, me parece imprescindible seguir sosteniendo la idea del
carácter básicamente incondicional del derecho a la existencia. Puede que resulte
necesario demostrar la presencia de la necesidad pero, una vez demostrada, el
derecho a la protección debe quedar garantizado de forma efectiva.
El reto, por tanto, es conseguir que una mayoría social y política asuma
el principio del derecho a la existencia que asiste a toda la ciudadanía, sin
excepciones.
Esto no significa que los esfuerzos para aplicar este derecho no traten
de acentuar al máximo el compromiso de la población objeto de apoyo con la
sociedad. Pero las políticas orientadas a conseguir la participación social o
la integración laboral deben enfocarse en términos de estímulos positivos y de
derecho complementarios. El derecho a un apoyo personalizado para la inserción
laboral, por ejemplo, es un planteamiento más adecuado que el principio de la
contraprestación. Por eso, el principio de reciprocidad no debería plantearse en
términos de contrapartidas por una prestación básica que haga efectivo el
derecho a la existencia sino como un elemento asociado al conjunto de derechos
y obligaciones en que se traduce el pacto de ciudadanía.
En ese pacto pueden igualmente concebirse circunstancias en las que
pudieran limitarse algunos derechos, por ejemplo el de acceso a un mayor
bienestar, pero no el relacionado con el derecho a la existencia. Sólo en
circunstancias extraordinarias y con carácter temporal, cuando la propia
pervivencia de la sociedad política estuviera en peligro, podría plantearse, no
una limitación del derecho, sino la introducción de obligaciones
extraordinarias asociadas en términos de contraprestación formativa o laboral.
La experiencia demuestra, por otra parte, que no es necesario presionar
a la población para que busque una mejora en sus condiciones de vida o para que
trate de aportar lo mejor de sí misma a la sociedad. Es lo que, de manera
espontánea y habitual, hace la mayoría de las personas. En este ámbito, la
principal tarea pendiente es ofrecer a la población vías adecuadas de
participación en actividades de utilidad para la sociedad, se integren o no en
el sistema productivo.
Algunas medidas de Renta Básica pueden plantearse a corto o medio plazo
Con respecto a las medidas a establecer para consolidar el sistema de
garantía de ingresos, la cuestión no estriba en la mayor o menor radicalidad de
la Renta Básica frente a otras medidas sino en las limitaciones económicas
existentes. No debe olvidarse que el déficit público aún se mantiene en 2014
por encima del 4,5%, con una deuda acumulada que se va acercando al 100% del
PIB, unos niveles de desempleo muy elevados y una perspectiva de aumento
sustancial del volumen de población pensionista. En este contexto, un gobierno
responsable debe analizar cuáles son las medidas más factibles para conseguir
el objetivo de consolidar el derecho a la existencia sin poner en riesgo la
estabilidad económica y financiera del Estado. A medio plazo, un buen sistema
de rentas mínimas se presenta en este contexto como la vía más realista para
hacer efectivo el derecho a la existencia.
Pero, como se señala en el documento de Rafael Pinilla, sí hay algunos
ámbitos en los que se debería trabajar en la introducción de programas de Renta
Básica. El más apropiado en estos momentos es el relativo a la infancia. En
este caso se observa una conjunción de elementos favorables para la
introducción de esa medida, en particular una cierta unanimidad en la voluntad
de eliminar la pobreza infantil y una valoración positiva de las prestaciones
familiares aplicadas en los países europeos más desarrollados. Aunque pudiera
resultar aconsejable una extensión progresiva de las prestaciones al conjunto
de la población beneficiaria, este modelo de Renta Básica para la infancia
debería diseñarse desde planteamientos universalistas.
La positiva
valoración que la sociedad española tiene del trabajo como mecanismo de
integración social hace igualmente asumible la introducción de un sistema de bonificación al empleo
para mejorar tanto los incentivos al trabajo como para proteger a la población
trabajadora con menores salarios.
Convendría por tanto plantear la introducción a corto plazo de un sistema
operativo de bonificación al empleo.
Este sistema podría
modularse de forma que se aplicaran mensualmente los complementos de ingresos a
trabajadores y trabajadoras con menores ingresos. Este mecanismo de complemento
regular a los bajos salarios podría tener en cuenta la experiencia de los
estímulos al empleo de Euskadi, del RSA francés o de los créditos fiscales
británicos. Debería poder completarse, por otra parte, con una aproximación
similar a la del EITC de Estados Unidos La idea sería que, para categorías de
trabajadores con bajos ingresos, aunque no cercanos o inferiores al umbral de
pobreza, la liquidación anual del IRPF se tradujera en un complemento económico
puntual que facilitara hacer frente a algún tipo de gasto extraordinario
durante el año.
La experiencia de los sistemas de rentas mínimas da pistas sobre cómo actuar de manera eficaz y eficiente. Un elemento clave es que se alejen de los principios de temporalidad en el acceso
Muchas de las
propuestas que realiza Rafael Pinilla, algunas de ellas muy novedosas, son
positivas de cara a mejorar los sistemas actuales de rentas mínimas. La
experiencia de estos programas es lo suficientemente amplia en España, además,
como para permitir asegurar un rendimiento social suficiente por parte de estos
programas, incluso en términos de contribución a la mejora de los niveles de
empleo.
Algunos aspectos
planteados por Pinilla merecen alguna consideración, sin embargo, en concreto
los siguientes:
1. Resultan acertadas las propuestas que realiza Rafael Pinilla en lo
relativo a la mejora y simplificación de los
procedimientos de solicitud y acceso a las Rentas Mínimas. De particular
utilidad resulta la vía de auto-declaración que se plantea. Su aplicación permitiría
reducir de forma significativa el tiempo de tramitación de las prestaciones.
Sin
embargo, la experiencia demuestra que en muchos casos resultará necesario
mantener una referencia institucional de contacto para la población necesitada,
en especial si están presentes necesidades o problemáticas asociadas que no son
de naturaleza estrictamente económica. En este punto, conviene señalar que la asignación de la gestión de las ayudas a los
servicios sociales de los ayuntamientos sí resultó en general eficaz y
eficiente, aun cuando pueda interferir de forma negativa en la gestión del propio
trabajo social. Hay otros modelos de gestión que pueden funcionar adecuadamente
pero uno descentralizado, sustentado en las instituciones locales, no tiene por
qué tener inconvenientes diferenciales. No debe olvidarse que el clientelismo
local potencial puede minimizarse con una buena gestión profesional.
2. Un segundo aspecto a matizar tiene que ver con un posible registro
público de solicitantes o demandantes en programas de rentas mínimas. Una cosa es la responsabilidad de
la Administración en garantizar una gestión eficaz y eficiente de las ayudas y
otra facilitar información
personalizada sobre qué personas concretas reciben ayuda, en qué cuantía y
durante cuánto tiempo. Esta información es personal y no debería poder ser
objeto de debate público.
El
respeto a la intimidad de las personas así como de su derecho a la auto-organización
de la vida, incluso en el caso de los más pobres y desfavorecidos, me lleva
igualmente a ver con reticencia medidas que implicaran un control de las
personas respecto a su política de gastos. No se trata de negar la posibilidad
de usar tarjetas de gasto para facilitar la gestión de las transferencias pero
sí que la Administración controle ese gasto. Si es necesario un control de esta
naturaleza, debería ser atribuido a la Justicia cuando hubiera motivos para
ello, no a la Administración general. Es verdad que el gasto debería vincularse
a productos o servicios relacionados con la subsistencia pero, vistas las
cuantías de las prestaciones, es imposible que se aplique de forma significativa
a otras partidas en condiciones normales.
Un
indicador claro de la corrección de las actuaciones a adoptar en este tipo de
cuestiones es la medida en que se ajustan a los instrumentos de control que se pretende
aplicar a los propios de los programas dirigidos a la población general. No es
adecuado, por ejemplo, que lo que no se aplica a las PNC o a los subsidios de
desempleo, sí se aplicara a las personas que se beneficiaran, en términos
reales, de una Renta Básica o de las Rentas Mínimas.
3. Otro aspecto a destacar es que los programas tipo rentas mínimas
deberían poder llegar a toda la población necesitada. España está en
condiciones de garantizar unos mínimos suficientes a todo el colectivo
necesitado, sin necesidad de aplicar políticas de reparto basadas en límites
temporales en el acceso a las prestaciones. Si los presupuestos disponibles
resultan inicialmente limitados, es mejor empezar inicialmente con un nivel de
cuantía más reducido, aunque suficiente, tratando de ajustar progresivamente al
alza las cuantías hasta alcanzar el nivel considerado adecuado.
El
hecho de que las disponibilidades presupuestarias resulten probablemente
limitadas durante los próximos años sí justifica en cambio que, frente a una aproximación
individual, se apueste inicialmente por vías de cobertura de las necesidades que
tengan en cuenta las formas reales de convivencia entre las personas. Es una
vía de aprovechar las economías de escala en el tratamiento de las situaciones
de necesidad.
Luis Sanzo
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viernes, 30 de enero de 2015
La viabilidad política de la Renta Basica de Ciudadanía (V): La viabilidad del comportamiento inducido
La viabilidad política de la Renta Basica de Ciudadanía (V): La viabilidad del comportamiento inducido
(Este es el 5º y último post de una serie sobre viabilidad política de la RBC. Si quieres leer la serie empezando por el primer post puedes hacer clic aquí).![]() |
| ¿Serán aceptables para los mayoría los comportamientos inducidos por la Renta Básica de Ciudadanía? |
Para asegurar la viabilidad de una política de garantía de rentas no sólo es necesario que
la mayoría de los ciudadanos voten en algún momento a favor de esa política. Es necesario que los
comportamientos inducidos por la introducción de la política sean también aceptables
para la mayoría a lo largo del tiempo. Precisamente una de las mayores
controversias sobre la Renta Básica es el riesgo de que su introducción pudiera inducir a algunas o muchas personas a abandonar el trabajo remunerado.
Si el número de personas que abandonan el trabajo llega a ser importante amenazarían de hecho la viabilidad económica del programa, pero la mayor parte de la experiencia empírica existente indica que es
poco probable que el abandono del trabajo sea importante. No se ha implantado un modelo completo de Renta Básica Garantizada en ningún país del
mundo, pero sí existen algunos experimentos y multitud de experiencias que nos indican lo que se puede esperar.
En realidad la mayoría de la gente no sólo trabaja por el dinero y son muchos los que prefieren tener un empleo aunque no lo necesiten económicamente. Por ejemplo, es bien sabido que la mayor parte de los “ricos” que no
necesitarían trabajar realizan sin embargo actividades remuneradas. También
sabemos que es muy raro que alguien deje su empleo cuando le toca la lotería,
aunque se trate de un premio importante. Algunos investigadores se han dedicado
a observar durante años qué ocurre con los ganadores de los sorteos y
loterías en los que se gana “un sueldo para toda la vida” y lo que se han
encontrado es que casi nadie abandona el trabajo. Sí que se dan cambios de
empleo, no es raro que padres y madres con niños pequeños reduzcan su
jornada para dedicar más tiempo a estar con sus hijos y algunas personas dejan
el empleo para asumir el riesgo de buscar otro mejor, montar un negocio o crear obras de arte.
También sabemos que muchos jubilados participan de un modo u otro en
actividades productivas y de utilidad social. Otra fuente de evidencia son países como los
nórdicos, que disponen de sistemas de garantía de rentas más costosos de
lo que representaría un sistema de renta básica y siguen siendo países prósperos que han
sorteado la crisis económica sin demasiados problemas. Por todo ello creemos que la introducción de un programa de renta básica de ciudadanía no
representaría un riesgo económico real. La inmensa mayoría de la gente
sencillamente seguirá trabajando porque una RBC nunca será más que una cantidad modesta y la mayoría de la gente prefiere vivir
mejor de lo que la RBC permite.
Sin embargo, el problema de la “viabilidad política de los comportamientos inducidos”
es más sutil. El problema es que incluso
una minoría exigua de personas que decidiesen “vivir de la RBC” y
simplemente no hacer nada, vaguear de forma nihilista, el típico “joven que ni
estudia ni trabaja”, podría ser
políticamente inaceptable. No es una cuestión cuantitativa, sino cualitativa. Estas personas representan un modelo de vida que gran parte de la
sociedad rechaza y podrían comprometer la sostenibilidad política
del sistema. Los enemigos de garantizar las rentas son quizá una minoría, pero
son poderosos y no tardarán en encontrar a unos cuantos jóvenes de aspecto irreverente para sacarlos en la TV haciendo burla de los trabajadores honestos que pagan impuestos para pagar su modo de vida indolente e insolidario. El efecto podría ser políticamente demoledor. Tampoco les sería difícil
encontrar a residentes de origen extranjero que viven de la RBC para
presentarlos como buscadores de rentas que han venido a nuestro país a vivir a nuestra costa.
Dificultades para la viabilidad política debido a los comportamientos inducidos por la política de rentas
Es preciso reconocer que el hecho de que ningún país o comunidad
política haya introducido un sistema completo de garantía de la RBC supone un
serio problema para la viabilidad política porque genera una notable incertidumbre
sobre los comportamientos que inducirá. Existe una notable incertidumbre sobre los efectos
en los comportamientos individuales y sobre los efectos en los comportamientos
de grupo que conforman la economía agregada.
Además, tanto los defensores como los detractores de la garantía de una
RBC estamos de acuerdo en una cosa: una renta garantizada de cuantía suficiente
para la supervivencia podría tener efectos importantes en muchos
comportamientos humanos incluyendo la actitud hacia el trabajo, la motivación para estudiar, la inclinación al emprendimiento, el uso del tiempo dedicado por
las personas a actividades de cuidado de otros o al voluntariado… Y el modo
concreto en que se llevase a cabo la reforma podría influir de forma decisiva
en el crecimiento o disminución de la economía sumergida, el cumplimiento y la
recaudación fiscal, el grado de civismo de los ciudadanos, la participación
política en los asuntos públicos, el comportamiento reproductivo o en la dimensión de las
migraciones.
Esta incertidumbre sobre tantos aspectos importantes para la sociedad es
un problema serio porque no se puede proponer a una comunidad política entera
que se arriesgue a embarcarse en un experimento social de consecuencias
incalculables sin saber cómo prevenir los posibles efectos indeseables y tener
un buen plan de contingencia para hacer frente a cualquier imprevisto que pueda
suceder.
Ideas para mejorar la viabilidad política de los comportamientos inducidos por las políticas de garantía de rentas
Ante todo
necesitamos que la política de garantía de rentas no sea un
modelo rígido sino una estrategia adaptativa para dotarla de la robustez necesaria. Basta con mirar un
poco hacia el pasado reciente para ver que la economía sufre de ciclos de expansión y de
recesión. Con toda seguridad volverá a haber en el futuro ciclos expansivos y
recesivos ¿Cómo diseñar un sistema de garantía de rentas para que funcione de forma efectiva incluso en periodos de crisis económicas?
Pero esa es solo una de las
preguntas posibles. Una política de garantía de rentas debe tener una respuesta clara a esta
pregunta, pero también a algunas otras como ¿Qué pasa si aumenta la
inmigración? ¿Y si aumenta la natalidad? ¿Y si el empleo disminuye? ¿Y si
disminuye el interés de los jóvenes por estudiar? ¿Y si no aumenta el
crecimiento económico y disminuye la recaudación fiscal? ¿Y si aumenta el nivel
de precios de los productos básicos? ¿Y si…? El problema es que no podemos
realmente predecir qué sucederá porque los comportamientos humanos son
esencialmente impredecibles y porque los efectos de la política de rentas no sólo dependerán
de las acciones de esa política sino de muchos otros factores externos. En un libro que publiqué hace casi 10 años ya planteé estas cuestiones y propuse una metodología para
responderlas. Para resumirlo en una frase podríamos sencillamente recordar que
cuando tratamos de una propuesta política con un poder transformador tan grande, y con un elevado grado de incertidumbre es necesario experimentar primero y es mejor empezar por hacer “experimentos con gaseosa”.
Como en los anteriores post de esta serie ha llegado el momento de
proponer algunas ideas concretas,
realizables en un tiempo breve (quizá durante este mismo año 2015), con un
coste reducido y con escaso riesgo político para el partido que se atreva a
incluirlas en su programa:
1. Establecer un sistema de información que recoja datos
fiables sobre los comportamientos de los beneficiarios. Es sorprendente la
facilidad con la que cualquier político o periodista tiene rápidamente una opinión sobre lo que
ocurrirá cuando se dé a la gente una renta básica universal y el poco interés que parecen demostrar en estudiar qué sucedería en realidad. Ahora mismo ya existe un sistema de
garantía de Rentas Mínimas en todas las CCAA, pero casi ninguna de ellas ha establecido un sistema de recogida de información sobre el comportamiento de los beneficiarios. O si recoge esa
información no la publica. ¿Está resolviendo el problema de pobreza? ¿Les está ayudando a encontrar empleo o a la integración social? No lo sabemos. Crear un sistema de recogida de información depende sólo de la voluntad política y es
un primer paso imprescindible. Se puede hacer de varias formas, rápidamente y con muy bajo coste. Hay cosas elementales que las CCAA podrían hacer inmediatamente para mejorar la política de garantía de rentas existente:
a. Crear un registro público de solicitantes y
beneficiarios para conseguir información de seguimiento. Ya he comentado
este aspecto en el artículo sobre viabilidad administrativa. El sistema de
gestión debe suministrar información útil para la gestión, pero también para la
mejora del sistema y para poder documentar ante la ciudadanía cuáles son los
comportamientos reales de solicitantes y beneficiarios. Los ciudadanos que pagamos impuestos tenemos derecho a saber en qué medida los recursos dedicados a luchar contra la pobreza están siendo bien empleados. El recuento y
seguimiento de los solicitantes es también muy importante para ofrecer
información sobre el estado de necesidad. Esto no lo hace todavía ninguna CCAA
y es también algo sencillo de crear, rápido de implementar y muy poco costoso de
mantener. Tendría un gran poder como elemento de legitimación política del
programa.
b. Dotar de transparencia y publicidad al registro. La publicidad sirve
para regular el sistema y para favorecer acciones complementarias de otros
programas de asistencia pública o de ayuda privada. Para actuar eficazmente sobre
un problema es necesario conocerlo bien, conocer el conjunto de acciones que se
están realizando y los efectos que están teniendo. En la actualidad hay muchas
acciones públicas y privadas descoordinadas por lo que su eficacia está con toda seguridad por debajo de lo posible. No nos podemos permitir un desperdicio de recursos que son de importancia vital para quienes los necesitan.
c. Seguimiento en paralelo mediante datos de encuesta. Las encuestas
tienen la ventaja de suministrar información sobre toda la población, no sólo
sobre solicitantes y beneficiarios. Se puede optar por crear una encuesta
propia como hizo el País Vasco, o sencillamente por estudiar en detalle los
datos proporcionados por la Encuesta de Condiciones de Vida del INE.
d. Encomendar la recopilación e interpretación de toda
esta información a una Agencia Independiente del Gobierno. La independencia es
importante para evitar la politización de este programa. Se trata de un programa demasiado importante
para que se lo pueda apropiar una fuerza política. Preferiblemente a una
agencia que rinda cuentas al Parlamento. Podría ser una agencia transversal de
Evaluación de Políticas Públicas o una agencia creada específicamente para
seguir y evaluar los efectos del programa de garantía de rentas. La información proporcionada
por esta Agencia será clave para adaptar los presupuestos y normas al
comportamiento del programa.
2.
Una forma de
prevenir los efectos indeseables de una política de garantía de rentas sería establecer normativamente
alguna forma de autoregulación adaptativa del presupuesto dedicado al programa, es decir, un
servomecanismo que funcione como un “termostato”. Por ejemplo, una vez
establecido un presupuesto para la garantía de rentas, se puede indexar el crecimiento del presupuesto
a repartir a la evolución de la recaudación fiscal.
Todas las CCAA tienen ya un presupuesto de Rentas Mínimas, quizá
ridículo en algunos casos, pero lo tienen. La idea es comprometerse
políticamente a que este presupuesto se mantenga al menos en relación con la
capacidad recaudatoria de la CCAA. Naturalmente, si un partido político incluye
entre sus objetivos la reducción de la pobreza y la desigualdad debería
establecer también un compromiso de crecimiento del porcentaje de recursos dedicados a
garantizar rentas. Algunos ejemplos:
a.
Establecer un
“presupuesto diana a alcanzar” que se adapte a la cantidad de solicitudes
previstas a partir de la información de años anteriores. Los presupuestos
públicos se aprueban con antelación. Para realizar un proceso racional de
presupuesto es necesario tener una previsión de los recursos que serían
necesarios para alcanzar a toda la población necesitada (presupuesto deseado).
b.
Ajustar el proyecto
de presupuesto del Gobierno a la capacidad presupuestaria de la comunidad
política. Sabemos que partimos de una situación en la que los presupuestos que las CCAA dedican a la garantía de rentas están muy por debajo de lo necesario, pero no se puede exigir
a un gobierno a repartir más recursos de los que dispone. De modo que el
presupuesto aprobado será inicialmente inferior al deseado. Pero sí se puede
establecer el compromiso de incrementar gradualmente este presupuesto con la
ambición de alcanzar lo antes posible la dimensión del presupuesto deseado.
c.
Establecer normas sencillas de reparto de los recursos presupuestarios disponibles dando prioridad a
los más pobres entre los pobres y a extender la ayuda al máximo número de personas. Estas normas deben
incluir la máxima transparencia para prevenir cualquier tipo de desviación o
fraude que comprometería la viabilidad política del programa. Deben establecer
asimismo las obligaciones de información de los solicitantes para poder ser
elegibles y de los beneficiarios para seguir recibiendo la ayuda.
d. Prever un mecanismo de autorregulación para el momento
en que el presupuesto disponible permita alcanzar la cantidad que se necesita. Inicialmente la
diferencia entre lo deseable y lo posible será grande por lo que el presupuesto
asignado inicialmente deberá aumentarse gradualmente. Pero ha de llegar un
momento en que el presupuesto para la RBC se acerque al deseado. En este
momento ya no debería crecer más sino buscar la estabilidad consolidándose como un mecanismo
social de garantía de rentas robusto con capacidad para resistir los ciclos
económicos. Un mecanismo que podría funcionar bien para cumplir este papel
sería ajustar el presupuesto a repartir al promedio del presupuesto del
programa en los 4 años anteriores. Al mismo tiempo, la cantidad máxima de renta individual a repartir no debería superar la cantidad resultante de dividir el
“presupuesto deseado” por el total de beneficiarios. La combinación de estos dos mecanismos daría gran
estabilidad al sistema de garantía de rentas evitando crecimientos excesivos en épocas de
expansión y reducciones bruscas en épocas de recesión. Además, en épocas de
crecimiento podría generar un excedente que debería guardarse como fondo de reserva
para utilizar en los años malos.
3.
Adicionalmente es importante promover “experimentos con gaseosa”. Las ideas propuestas en el punto 2
tienen el problema de ser lentas y de partir del modelo actual de Rentas
Mínimas que es un modelo bastante alejado de lo que podríamos considerar un
modelo de garantía de rentas ideal. Para saber cómo se comportaría la gente al recibir una renta garantizada sin comprobación previa de medios económicos ni condicionada a un programa de inserción necesitamos poner en marcha iniciativas de tipo experimental de alcance reducido en
tiempo y población. De este modo podemos obtener rápidamente el conocimiento que necesitamos para tomar decisiones políticas acertadas, con un bajo coste
económico y político. Podemos imaginar muchos experimentos, pero para que
sirva a los efectos de obtener respuestas para las principales controversias
políticas experimentales conviene cuidar muy bien el diseño del experimento. Así, para conocer el impacto de la introducción de la RBC en la población el experimento debe incluir a personas que no la necesitan para poder observar los efectos en todo tipo de personas. Propongo un diseño
experimental que podría funcionar bien para evaluar científicamente los efectos de un modelo de garantía de rentas semejante a la idea de la RBC:
a.
La administración de
la comunidad política crea una lotería en la que los premiados recibirán una
renta de cuantía semejante a la deseada para la RBC. Cualquier persona
puede participar en la lotería comprando números. Y quienes figuren en el
registro de solicitantes de la RBC participarían en el sorteo en cualquier
caso, sin necesidad de comprar números. Las cantidades recaudadas se dedicarían
íntegramente a pagar los premios. La cantidad a repartir podría ser
incrementada mediante una asignación presupuestaria inicial para asegurar que
se alcanza un número suficiente de premiados independientemente de lo que se
recaude por venta de números de la lotería. Se podría organizar un sorteo
mensual hasta conseguir una muestra suficiente.
b.
Se pueden establecer premios de distinta cuantía pero que necesariamente se cobrarán en forma de renta mensual. En la práctica significaría que habría premios que darían para pagar una renta durante 6 meses, o 12 meses o 24 meses, por ejemplo. Los ganadores deberían
firmar un compromiso de información al aceptar el premio rellenando un
cuestionario mensual sobre su comportamiento. De este modo los costes de
recogida de la información del experimento serían muy bajos.
c.
Los compradores de
números podrían recibir números adicionales a cambio de suministrar también información mediante un
cuestionario semejante al de los solicitantes y beneficiarios. De este modo
tendríamos dos grupos en seguimiento que proporcionan información comparable, un grupo experimental de premiados que son beneficiarios de una renta mensual y un grupo de de personas no premiadas que servirían de grupo de control para evaluar objetivamente las diferencias de comportamiento y de resultados entre ambos grupos. ¿Serán los resultados aceptables para la mayoría del electorado? Esta es la cuestión clave que ha de resolver el experimento.
d.
Este experimento permitiría disponer de información empírica muy relevante en muy pocos meses. Esta información, elaborada por la agencia independiente de evaluación, permitiría resolver de
forma objetiva muchas de las incertidumbres de comportamiento comentadas
anteriormente. A partir de esta información la administración podría modelar la
normativa de regulación de la política de garantía de rentas con mayor probabilidad de lograr
un sistema eficaz, eficiente y exento de efectos indeseables.
Con este post damos por terminada la serie sobre viabilidad política
de la RBC. ¿Serán capaces los partidos españoles de provechar alguna de las
ideas propuestas para incorporarla en los programas políticos con los que se batirán
en las próximas contiendas electorales? Desde aquí manifestamos la mejor
disposición para colaborar con cualquier partido interesado en incorporar en
sus programas una propuesta de garantía de rentas políticamente viable en
España.
Rafael Pinilla
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