El pasado día 16 de marzo tuvo lugar en Barcelona, en ESADE, la Jornada "Desigualdad social: ¿pueden jugar algún papel los sistemas tributarios para reducirla?" organizada por la asociación profesional de los instectores de hacienda. Es la primera vez que esta jornada se realiza en Barcelona, ya que anteriormente se ha realizado siempre en Madrid.
La jornada dio inicio con un análisis resumido de la situación de la pobreza y la desigualdad en el Mundo y en España en particular, a cargo de Teresa Cavero y Susana Ruiz, ambas de Oxfam-Intermon.Teresa desgranó de forma sintética los datos ya comentados en este Blog que confirman la creciente desigualdad en el mundo. Quizá el dato más llamativo: en 2016 el 1% de la población del planteta puede tener más que el 99% restante. Atajar esta situación requeriría encontrar formas efectivas de reducir la elusión fiscal que se canaliza a nivel mundial a través de los paraísos fiscales.
La segunda mesa trató de la lucha contra las actividades ilegales para combatir la desigualdad. En particular sobre las actividades relacionadas con la corrumpción y el fraude fiscal delictivo (gran fraude fiscal. Armando Fernandez Steinko puso de manifiesto que la corrupción y el fraude fiscal delictivo tienen un volumen económico muy superior a actividades delictivas como el narcotráfico, la trata o el tráfico de armas. El cálculo para España de lo que se deja de recaudar por estos conceptos, estimado de forma muy conservadora, alcanzaría al 6% del PIB. El profesor Santos Ruesga añadió que si tenemos en cuenta el conjunto de la actividad económica sumergida podría encontrarse en España enbtre el 25-28% del PIB. Por suparte, Victor Morales, Inspector de Hacienda del Estado informó que, en la actualidad, no existen teóricamente los paraísos fiscales porque todos ellos se ha apresurado a firmar los compromisos de transparencia que la comunidad internacional les ha exigido. El problema es que tales compromisos implican un nivel de transparencia ridículo. Por ejemplo, se comprometen a informar sobre las cuentas de las personas sobre las que se pida información, pero no a dar el nombre de las personas. Es decir, que para solicitar información sobre el delito los países peticionarios deberíano tener ya pruebas de que las personas en cuestión son delincuentes, que justamente es lo que los países peticionarios no tienen.
La última mesa de la mañana trató sobre la imposición patrimonial como elemento para compatir la desigualdad. El Profesor Miró Ayats de ESADE y Domingo Carbajo, Inspector de Hacienda, coincidieron en que la imposiciójn del patrimonio requiere una reforma sustancial ya que en España genera importantes desigualdades entre CCAA y estrategias de competencia fiscal. Ambos coincidieron en que es necesaria, aunque necesita ser reformada. Por el contrario José Ramón Rallo hizo una intervención epatante negando que la desigualdad sea un problema y abogando por la completa eliminación de la imposición patrimonial. Explicó que países como Dinamarca o Suecia, muy igualitarios en rentas, tenían al mismo tiempo los mayores niveles de desigualdad en riqueza. Al ser preguntado si entonces abogaba por gravar la renta de forma elevada como hacen Suecia o Dinamarca respondió que si si su modelo de país fuese Dinamarca así debería ser, pero en realidad su modelo para España no es ese sino el de Honk-Honk, Singapur o Suiza.
Finalmente la Jornada de la tarde versó sobre la imposición negativa sobre la renta y la renta básica como formas de lograr una mayor igualdad. Fua la mesa que contó con más cantidad de público en el auditorio. Antonio Espinosa presentó con mayor detalle la propuesta de Ciudadanos sobre el complemento salarial anual para salarios bajos en forma de impuesto negativo sobre la renta que ya hemos comentado en este blog. Alberto Montero, de Podemos, hizo una crítica general al sistema fiscal español sin llegar a concretar qué propuesta fiscal defienden y el Profesor Joan Pages analizó las distintas concepciones de igualdad y la dificultad para plasmarlas legalmente. Mi intervención fue la última y tuve ocasión de explicar de forma resumida las ideas que defendemos en este blog con un ejemplo de propuesta de garantía de rentas que combinaría un nivel de renta mínima garantizada de unos 426€ para personas solas (algo más para hogares de más personas) que podría ser complementado por una bonificación para las personas que realizan y declaran una actividad laboral remunerada. El nivel de renta garantizado en este caso se elevaría al entorno del salario mínimo o superior en el caso de hogares con más de una persona. El coste de una reforma de este tipo con estos niveles para toda España se estima en unos 6.000 millones de € anuales. En los próximos días explicaré con más detalles de esta propuesta que serviría prácticamente para erradicar la pobreza severa en España.
Rafael Pinilla
España 2018: ¿Cómo podemos contribuir a garantizar a toda la ciudadanía unos ingresos mínimos hoy y aquí sin perder de vista el ideal de garantizar una renta básica universal para toda la humanidad como un derecho de ciudadanía?
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viernes, 20 de marzo de 2015
martes, 27 de enero de 2015
Sobre viabilidad política de la RBC (II): La viabilidad estratégica
Sobre viabilidad política de la RBC (II): La viabilidad estratégica
(Este es el segundo post de una serie de 5 sobre viabilidad política de la RBC. Si quieres leer la serie empezando por el primer post puedes hacer clic aquí)
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| La viabilidad política requiere mayoría en el parlamento |
Dificultades para la viabilidad estratégica
Para que una propuesta de RBC sea
alcanzable es necesario, en primer lugar, que la propuesta pueda ser apoyada
por una coalición de agentes políticos y sociales. Más específicamente, es necesario que sea apoyada por
uno o más partidos políticos con capacidad real de lograr una mayoría
parlamentaria suficiente. Esto es algo que no ha sucedido en la práctica en ningún país europeo y es
difícil que suceda con propuestas de RBC puristas (renta básica no condicionada, como derecho universal e individual), que resaltan los aspectos más innovadores y lógicamente se perciben como radicales por políticos tradicionales y ciudadanos de a pie.
Con frecuencia los defensores del concepto de RBC hemos celebrado el logro del apoyo político explícito de grupos y
partidos minoritarios, pero la realidad es que en la práctica se ha tratado de un
apoyo muy poco útil y puede ser, de hecho, contraproducente. Los grupos
minoritarios saben que no arriesgan nada haciendo promesas que no tendrán que
cumplir, porque no van a encabezar ningún gobierno. En su visión más optimista podrían formar parte de una coalición, pero entonces será fácil dejar de lado el compromiso con la propuesta al negociar el pacto de gobierno.
Lo peor es que los partidos minoritarios tienden a resaltar los aspectos más radicales y
“revolucionarios” de la propuesta. Los aspectos radicales son del gusto del electorado más extremista, pero tienen dos efectos adversos muy indeseables para el progreso de la idea.
Primero, porque generan el rechazo de la mayoría. Segundo, porque hacen muy difícil
que los partidos políticos parlamentarios con opciones reales de gobierno se
manifiesten a favor de la propuesta por temor a ser identificados como
radicales.
La RBC es una idea brillante y por ello no resulta demasiado difícil encontrar dentro de los partidos mayoritarios a personas inteligentes que entienden la idea y les gustaría apoyarla, pero pronto se dan cuenta de que al defender la idea en público pueden ser identificados con una idea que apoyan partidos políticos extremistas, lo que es muy peligroso para hacer carrera política dentro de un partido político relevante. Así, en el caso español la propuesta de la Renta Básica ya fue apoyada explícitamente en el pasado por partidos políticos como Eusko Alkartasuna, Esquerra Republicana de Cataluña, Iniciativa por Cataluña-Verds, además de por varios grupos de extrema izquierda extraparlamentaria. Algunos de estos partidos promovieron iniciativas legislativas en favor de la RB en el parlamento nacional o en parlamentos autonómicos. Ninguna de estas iniciativas tenía posibilidad alguna de prosperar porque para cualquier partido en el gobierno hubiera sido suicida votar a favor.
La RBC es una idea brillante y por ello no resulta demasiado difícil encontrar dentro de los partidos mayoritarios a personas inteligentes que entienden la idea y les gustaría apoyarla, pero pronto se dan cuenta de que al defender la idea en público pueden ser identificados con una idea que apoyan partidos políticos extremistas, lo que es muy peligroso para hacer carrera política dentro de un partido político relevante. Así, en el caso español la propuesta de la Renta Básica ya fue apoyada explícitamente en el pasado por partidos políticos como Eusko Alkartasuna, Esquerra Republicana de Cataluña, Iniciativa por Cataluña-Verds, además de por varios grupos de extrema izquierda extraparlamentaria. Algunos de estos partidos promovieron iniciativas legislativas en favor de la RB en el parlamento nacional o en parlamentos autonómicos. Ninguna de estas iniciativas tenía posibilidad alguna de prosperar porque para cualquier partido en el gobierno hubiera sido suicida votar a favor.
Por otra parte, si un grupo político minoritario que
apoya la RBC mejora sus expectativas de voto, pronto tenderá a desprenderse del compromiso con la RBC. Es bastante raro que un grupo político que apoya la RBC gane rápidamente cuota electoral, pero es justamente lo que ha pasado en España durante 2014 con el fenómeno de Podemos. Podemos
incluyó en su programa al parlamento europeo, en mayo de 2014, una propuesta de
RB bastante radical (o sencillamente poco meditada). A medida que sus expectativas de voto mejoraban ha visto la conveniencia de distanciarse de su antigua propuesta y sólo 6 meses después de las elecciones al parlamento europeo, en el borrador de programa económico presentado en noviembre de 2014, ya no se habla de Renta Básica sino
de garantizar una Renta Mínima. Esta observación no pretende ser una crítica. Es el comportamiento que cabe esperar de una formación política con conocimientos elementales de marketing político que se comporta de forma inteligente adaptándose a las circunstancias cambiantes. Probablemente los analistas políticos de Podemos han llegado a la conclusión de que el término "Renta Básica", que se asocia inevitablemente a la propuesta incluida en el programa al parlamento europeo, resulta poco útil para sumar votos y puede en cambio generar rechazo.
Cómo mejorar la viabilidad política estratégica de una propuesta de Renta Básica de Ciudadanía
Es evidente que no podemos garantizar una Renta Básica de Ciudadanía de un día para otro. El coste económico no es tan alto como se dijo, pero sigue siendo grande y se requiere una aproximación gradual. También es evidente que una vez que la idea de la Renta Básica se asocia a grupos políticos de extrema izquierda o a una propuesta electoralista formulada en términos imposibles sería políticamente suicida aferrarse a ella. Un partido con aspiraciones de gobierno no debería hacerlo.
Si queremos tener alguna vez un sistema eficaz de garantía de rentas en España, que reúna las mejores virtudes de la idea de la Renta Básica de Ciudadanía, es imprescindible reformularla hacia una propuesta de garantía de rentas que pueda ser aceptada por la mayoría del arco parlamentario. Y parece evidente que el único modo de lograr esto es buscar el consenso político y el compromiso general para establecer políticas de garantía de rentas menos radicales que la RBC. Un camino transitable a la Renta Básica de Ciudadanía no puede ser demasiado corto. Pero sí podemos aspirar a que las políticas de consenso sirvan como "escalones intermedios". Es decir, políticas que tengan sentido en sí mismas, y además sirvan como pasos que nos acercan a un modelo de garantía de rentas más eficaz, con algunos de los rasgos más interesantes del concepto de renta básica. Este tipo de estrategia es la que venimos defendiendo en España, con algunos matices diferenciados, José Antonio Noguera, Luis Sanzo y yo mismo.
Si queremos tener alguna vez un sistema eficaz de garantía de rentas en España, que reúna las mejores virtudes de la idea de la Renta Básica de Ciudadanía, es imprescindible reformularla hacia una propuesta de garantía de rentas que pueda ser aceptada por la mayoría del arco parlamentario. Y parece evidente que el único modo de lograr esto es buscar el consenso político y el compromiso general para establecer políticas de garantía de rentas menos radicales que la RBC. Un camino transitable a la Renta Básica de Ciudadanía no puede ser demasiado corto. Pero sí podemos aspirar a que las políticas de consenso sirvan como "escalones intermedios". Es decir, políticas que tengan sentido en sí mismas, y además sirvan como pasos que nos acercan a un modelo de garantía de rentas más eficaz, con algunos de los rasgos más interesantes del concepto de renta básica. Este tipo de estrategia es la que venimos defendiendo en España, con algunos matices diferenciados, José Antonio Noguera, Luis Sanzo y yo mismo.
¿Qué políticas de garantía de rentas podrían concitar consenso general y servir de paso intermedio hacia un sistema completo de Renta Básica de Ciudadanía? Podemos proponer al menos las siguientes:
1. Mejorar el actual sistema de Rentas Mínimas (RM) de las Comunidades Autónomas. El sistema actual es muy escaso, tiene un alcance muy reducido y no resulta equitativo. Con la excepción del País Vasco y Navarra el alcance del sistema apenas llega a una fracción mínima de los hogares que la necesitan. La carencia de un sistema estatal de garantía de rentas es uno de los mayores defectos del sistema de protección social español. Ningún partido político sensato con aspiraciones de gobernar puede negar esta evidencia. Sin duda, la defensa de una Renta Mínima Garantizada (RMG), condicionada a la necesidad económica familiar, puede recibir mucho más apoyo político que una propuesta de RBC pura. De hecho, varios estatutos de autonomía como el de Cataluña o la Comunidad Valenciana incluyen en su articulado el derecho de los ciudadanos a la garantía de una Renta Mínima y fueron aprobados con un amplio consenso político. Por tanto, debería ser sencillo llegar a acuerdos sobre algunas de las mejoras. Dedicaremos un post específico a detallar las mejoras que son necesarias, pero podemos adelantar algunas de las más evidentes:
- El Estado debería garantizar un mínimo igual para todos los ciudadanos de España, aunque luego las CCAA puedan mejorar el nivel de garantía con sus recursos propios
- Es necesario mejorar el alcance para que dé cobertura a una mayor proporción de la población que necesita ayuda. Para ello es necesario incrementar la dotación presupuestaria de estos programas por las CCAA, lo que en muchos casos sólo podrá ser posible con ayuda del Estado.
- Es necesario aproximar las cuantías de RM a los niveles de necesidad real de los hogares.
- Es necesario mejorar la transparencia y la información sobre la gestión de los sistemas de Rentas Mínimas para entender mejor qué funciona bien y qué aspectos hay que mejorar.
- Es necesario reformar los programas de inserción asociados para que funcionen como un recurso de ayuda para lograr empleo al que los beneficiarios tienen derecho en vez de funcionar como una restricción que limita el acceso a la RM.
- Es necesario mejorar los procedimientos de solicitud y acceso a las Rentas Mínimas simplificando la tramitación, acelerando el proceso de concesión y mejorando el seguimiento de los beneficiarios.
2. Mejorar la protección económica a la infancia garantizando una prestación económica universal a todos los menores de edad, empezando por las familias sin recursos. Este tipo de prestación es algo normal en Europa, salvo en los países mediterráneos, por lo que no debería de ser difícil alcanzar un consenso político. La extensión del derecho a todos los menores puede tener un coste económico elevado, por lo que habrá que establecer un plan de implementación gradual dando prioridad a los más necesitados. Parece de sentido común empezar por aquellas familias con hijos que se encuentran en las peores condiciones económicas. Se podría implementar de forma sencilla mediante una reforma en el IRPF.
3. Garantía de una Pensión Básica Universal a todos los mayores que superan la edad oficial de jubilación. En este caso también debería ser fácil conseguir el consenso político. El modo de hacerlo sería mejorar el sistema de Pensiones No Contributivas de la Seguridad Social transformándolo en un sistema de Pensión Universal Garantizada por el Estado. Esta pensión básica universal debería ser compatible con realizar actividades de carácter remunerado.
4. Remodelar el sistema de bonificación fiscal al empleo para mejorar los incentivos al trabajo de los trabajadores de bajos salarios. Se trata de otro elemento para el que debería ser fácil conseguir el acuerdo de todos los grupos políticos dado el nivel de desempleo existente en España y la precariedad de muchos de los empleos existentes. Existen modelos bien contrastados, con muchos años de experiencia en EEUU y en Gran Bretaña que podrían introducirse sin gran dificultad en España. Además de complementar el sistema de garantía de rentas tendría un impacto positivo en la economía en general. El coste se vería atenuado por el ahorro en el subsidio de desempleo y por la mejora de la recaudación asociada al crecimiento económico inducido.
Se pueden imaginar más medidas, pero con estas 4 es más que suficiente para empezar a debatir y encontrar consensos. Sobre todo porque extender cualquiera de estas medidas a todos los beneficiarios potenciales puede tener un coste elevado y requerir varios años para completarlo. Por tanto, quizá la pregunta más relevante sería ¿Por cuál de ellas deberíamos empezar? En próximos post intentaremos argumentar nuestra favorita, aunque es algo que deberán decidir los parlamentos de las CCAA o del Estado.
En cualquier caso se trata de 4 medidas políticas sencillas, nada radicales, que están extendidas de forma bastante amplia en países europeos o en EEUU y cualquier fuerza política parlamentaria podría apoyar. En cierto modo resulta sorprendente el subdesarrollo de estas políticas en España. Sin embargo, las cotas de pobreza y desigualdad alcanzadas en nuestro país exigen poner en práctica algunas de estas medidas. Por ello sería muy deseable ver este tipo de medidas como compromiso político en los programas electorales correspondientes a las múltiples citas electorales del año 2015.
En cualquier caso se trata de 4 medidas políticas sencillas, nada radicales, que están extendidas de forma bastante amplia en países europeos o en EEUU y cualquier fuerza política parlamentaria podría apoyar. En cierto modo resulta sorprendente el subdesarrollo de estas políticas en España. Sin embargo, las cotas de pobreza y desigualdad alcanzadas en nuestro país exigen poner en práctica algunas de estas medidas. Por ello sería muy deseable ver este tipo de medidas como compromiso político en los programas electorales correspondientes a las múltiples citas electorales del año 2015.
Rafael Pinilla
Artículos relacionados:
lunes, 12 de enero de 2015
Luis Sanzo comenta la Propuesta de la Renta Basica que Podemos
Sobre la propuesta
inicial para una política de Renta Básica de Ciudadanía
El
primer modelo de propuesta que introduce Rafael Pinilla para el debate me
sugiere los siguientes comentarios:
La Renta Básica es incondicional pero no
exime de las obligaciones vinculadas a la pertenencia a la comunidad política
en la que se fundamenta la ciudadanía
1. Resulta acertada la insistencia sobre la C de ciudadanía en la aproximación al concepto de Renta Básica así como la referencia al contexto de pacto social en el que se inscribe una medida como esta

Luis Sanzo, Responsable de EPDS
Resulta
simplificadora la idea de que la Renta Básica equivale a tener un ingreso
garantizado que no tiene implicación alguna en relación a la aportación a la
sociedad a través del trabajo, productivo o no. La idea clave es que el
concepto de ciudadanía, en tanto que expresión de pertenencia a la comunidad
política, viene asociado a un derecho a la existencia que se hace efectivo a
través de la Renta Básica. Pero esta misma condición de pertenencia a la comunidad
implica también la asunción de las obligaciones inherentes al pacto social que
da origen a la ciudadanía, expresión del compromiso mutuo de las personas con
la sociedad. El compromiso de la sociedad
con la garantía de las necesidades básicas no exime por tanto de la
responsabilidad de cumplir con las obligaciones exigidas a cualquier ciudadano
o ciudadana en la legislación general del país.
Es
sin duda ingenuo pensar que algunas de los ataques que se realizan a las Rentas
Mínimas no podrían extenderse a la Renta Básica. La crítica, conservadora pero
socialmente muy extendida, del supuesto parasitismo social de las personas beneficiarias
de las prestaciones sociales que no trabajan seguiría teniendo incidencia
incluso en el caso de que la protección a la población se fundamentara en la
Renta Básica.medida como
ésta.
Así
ocurriría, al menos, si el deber de trabajar siguiera incluyéndose entre las
obligaciones exigidas a ciudadanos y ciudadanas. En el caso español, este deber
se encuentra reconocido en el artículo 35 de la Constitución de 1978 (“Todos los españoles tienen el deber de
trabajar y el derecho al trabajo,…) y en su artículo 40 se recoge la
contribución de los poderes públicos a que tal derecho pueda hacerse efectivo,
al establecer que “realizarán una
política orientada al pleno empleo”.
Resulta
por tanto necesario considerar, en todo planteamiento de Renta Básica, las
obligaciones asociadas al concepto de ciudadanía. La cuestión más relevante en
este punto es si el deber de trabajar debe formar parte o no de las
obligaciones exigibles a la ciudadanía.
Mi
opinión al respecto se basa en los siguientes principios:
a) El principio del deber de trabajar debe sustituirse por un
planteamiento más abierto que haga referencia a la obligación de contribuir,
mediante la actividad personal, enmarcada o no en el sistema productivo
remunerado, al bienestar general de la comunidad política. Es esta idea más
amplia de participación en la actividad social a favor de la comunidad, más
allá del trabajo productivo remunerado, la que debería quedar asociada al
concepto de ciudadanía.
b) En tanto que elemento de aplicación efectiva del derecho a
la existencia, con carácter general, la garantía de acceso a la Renta Básica
debería primar sin embargo incluso sobre la obligación de participación en
actividades sociales a favor de la comunidad en los casos en los que se
detectara una actitud completamente apática o de alejamiento respecto a la
comunidad. La sociedad, sin embargo, sí podría exigir que las autoridades
públicas actuaran, recurriendo a estímulos positivos, para que se cumpliera la
obligación de contribución activa a la vida de la comunidad.
c) Sólo en casos excepcionales, bien definidos y siempre que
la propia supervivencia de la comunidad política estuviera en peligro, podría
llegar a exigirse mecanismos específicos de participación en el trabajo
productivo a las personas que no contribuyan activamente a la vida de la
sociedad.
2.Esta
aproximación al concepto de ciudadanía deja abierta la posibilidad de dejar
fuera de la Renta Básica a la población extranjera. En mi opinión, sin embargo,
debería extenderse el acceso a la protección a toda persona residente en el
territorio que cumpliera con las obligaciones exigidas a la población
ciudadana. La idea sería que toda persona extranjera que llega al territorio acabará
formando parte en un tiempo relativamente corto de la comunidad política.
Es necesario definir una política de
garantía de ingresos que combine la mejora de algunas de las prestaciones ya
existentes con la introducción de nuevas modalidades de Renta Básica
Analizando la
estrategia para construir un modelo de garantía de Renta Básica de Ciudadanía
en España a partir de 2015, resultaría conveniente asumir que lo que se
pretende construir es ante todo un sistema de garantía de ingresos suficientes
para toda la población residente. Dentro de ese planteamiento general, las
modalidades específicas de protección pueden ser diversas aunque con una
apuesta creciente por la aplicación de los programas específicos inspirados en
la filosofía de la Renta Básica.
En el contexto
español, hay dos ámbitos de intervención social ya en marcha que podrían ser
objeto de mejora en la línea de consecución del objetivo señalado:
a) En primer lugar, resulta necesario ajustar
al alza las cuantías de las actuales Prestaciones No Contributivas, consolidando
nuevas modalidades para cubrir –de forma estructural- a más colectivos de
personas desempleadas. Es importante redefinir estas prestaciones de forma que
se ajusten de forma más efectiva a los principios inspiradores de la Renta
Básica. El hecho de que se definan como prestaciones individuales lo hace
posible.
b) En segundo lugar, es preciso convertir el
actual sistema de Rentas Mínimas Autonómicas en un verdadero sistema estatal de
protección, estableciendo una última red de garantía para el acceso a unos
ingresos mínimos. Respetuoso del derecho de iniciativa autonómica y de su gestión
por las CCAA, este sistema debe contar con una base financiera del Estado para
garantizar una protección básica común, integrándose por esa vía en el sistema
general de protección estatal.
Sin perjuicio
de lo anterior, es necesario empezar a dar pasos significativos en la línea de
la introducción de programas específicos de Renta Básica. La prioridad
principal sería establecer una Renta Básica para menores, ligada al rango del
nacimiento (para prevenir estimular en su caso, la dinámica de la natalidad).
Sería una vía operativa para empezar a introducir prestaciones familiares que
permitieran abordar de manera decidida los problemas vinculados a la pobreza
infantil.
Esta reforma
podría implementarse de manera progresiva, incorporando inicialmente a los
grupos de renta baja y, progresivamente, al conjunto de la población. Conforme
se fuera aplicando este programa de Renta Básica debería procederse a la
eliminación del sistema de deducción por hijos/as en el IRPF.
Otra medida de
Renta Básica sería la que se derivaría del Fondo para la Renta Básica que
plantea Rafael Pinilla. Sus beneficiarios serían los contribuyentes a dicho
Fondo. La gestión de este Fondo, que podría ser gestionado en el ámbito
autonómico, sería independiente del sistema de Rentas Mínimas Autonómicas aun
cuando los ingresos personales derivados de este Fondo se computarían en estos
programas de garantía de ingresos autonómicos[1].
La apuesta en favor del sistema de
garantía de ingresos y de la Renta Básica debería combinar realismo y ambición
España se
enfrenta a grandes retos sociales en los próximos años, en particular al del
mantenimiento del actual sistema de pensiones. Este sistema se enfrenta al
acelerado proceso de envejecimiento de una población que sin embargo ha
consolidado un derecho a pensiones de cuantía media creciente respecto a
generaciones anteriores. El posible desajuste, puesto ya de manifiesto en la
necesidad de recurrir al Fondo de Reserva del sistema, se ve acentuado por la
significativa caída, a raíz de la crisis, de la población ocupada que deberá
sostener financieramente el sistema. En un contexto así, las propuestas de
reforma deben ser presididas por el realismo y la prudencia. España no podrá
permitirse reformas en el gasto que superen con creces el 2-3% del PIB. Estas
reformas deberán incluir, además de las medidas de Renta Básica y de garantía
de ingresos, la mejora de los servicios públicos, la sanidad, la educación o la
dependencia.
A la vista de
los dramáticos efectos de la crisis sobre la población, resulta sin embargo
igualmente necesario un mínimo de ambición. El esfuerzo inicial de reforma en
programas de garantía de ingresos desde el Estado no debería ser inferior al
0,5% del PIB español, aumentando de forma progresiva hasta el 1% en un periodo
de cuatro o cinco años. Este esfuerzo se basaría en una aportación fija a cargo
de los Presupuestos Generales del Estado.
Estas
aportaciones para las políticas de garantía de ingresos se completarían con las
que se derivaran de la introducción del Fondo para la Renta Básica que plantea
Rafael Pinilla.
La propuesta
recoge la necesidad de compatibilizar los programas de garantía de ingresos con
los ingresos por trabajo. Se trata de un planteamiento necesario para estimular
de forma positiva el acceso al trabajo, garantizar la protección a las personas
con bajos salarios y establecer un modelo en el que la participación en la
generación de recursos financieros para la sociedad se asocie a un mayor nivel
de garantía de ingresos que quienes no tienen esa participación.
Resulta por
tanto necesario un ajuste del sistema fiscal –en particular del IRPF- para
garantizar, para el conjunto de la sociedad, la correlación entre los ingresos por
actividad económica y los ingresos finales después de transferencias sociales,
recurriendo a una modalidad de créditos fiscales inspirada en el modelo
británico o a un sistema de impuesto negativo como el que habitualmente se
plantea en España de cara a la introducción de sistemas de Renta Básica. En su
defecto, podría pensarse en introducir en el sistema de rentas mínimas un
sistema de estímulos al empleo, similar al existente en Francia o en la
Comunidad Autónoma del País Vasco.
[1]
Podría
pensarse igualmente en modelos de Renta Básica para funciones profesionales
socialmente prioritarias pero que tienen un recorrido económico muy limitado en
el ámbito del mercado. Podría pensarse, por ejemplo, en una Renta Básica para
profesionales del mundo de la cultura que contribuiría a mantener la diversidad
en un sector que, dejado al libre mercado, podría acabar traduciéndose en unas
pocas, limitadas y concentradas expresiones. El Fondo previsto podría
destinarse en parte a esta finalidad.
Artículos relacionados:
Sobre la propuesta
inicial para una política de Renta Básica de Ciudadanía
El
primer modelo de propuesta que introduce Rafael Pinilla para el debate me
sugiere los siguientes comentarios:
La Renta Básica es incondicional pero no
exime de las obligaciones vinculadas a la pertenencia a la comunidad política
en la que se fundamenta la ciudadanía
1. Resulta acertada la insistencia sobre la C de ciudadanía en la aproximación al concepto de Renta Básica así como la referencia al contexto de pacto social en el que se inscribe una medida como esta

Luis Sanzo, Responsable de EPDS
Resulta
simplificadora la idea de que la Renta Básica equivale a tener un ingreso
garantizado que no tiene implicación alguna en relación a la aportación a la
sociedad a través del trabajo, productivo o no. La idea clave es que el
concepto de ciudadanía, en tanto que expresión de pertenencia a la comunidad
política, viene asociado a un derecho a la existencia que se hace efectivo a
través de la Renta Básica. Pero esta misma condición de pertenencia a la comunidad
implica también la asunción de las obligaciones inherentes al pacto social que
da origen a la ciudadanía, expresión del compromiso mutuo de las personas con
la sociedad. El compromiso de la sociedad
con la garantía de las necesidades básicas no exime por tanto de la
responsabilidad de cumplir con las obligaciones exigidas a cualquier ciudadano
o ciudadana en la legislación general del país.
Es
sin duda ingenuo pensar que algunas de los ataques que se realizan a las Rentas
Mínimas no podrían extenderse a la Renta Básica. La crítica, conservadora pero
socialmente muy extendida, del supuesto parasitismo social de las personas beneficiarias
de las prestaciones sociales que no trabajan seguiría teniendo incidencia
incluso en el caso de que la protección a la población se fundamentara en la
Renta Básica.medida como
ésta.
Así
ocurriría, al menos, si el deber de trabajar siguiera incluyéndose entre las
obligaciones exigidas a ciudadanos y ciudadanas. En el caso español, este deber
se encuentra reconocido en el artículo 35 de la Constitución de 1978 (“Todos los españoles tienen el deber de
trabajar y el derecho al trabajo,…) y en su artículo 40 se recoge la
contribución de los poderes públicos a que tal derecho pueda hacerse efectivo,
al establecer que “realizarán una
política orientada al pleno empleo”.
Resulta
por tanto necesario considerar, en todo planteamiento de Renta Básica, las
obligaciones asociadas al concepto de ciudadanía. La cuestión más relevante en
este punto es si el deber de trabajar debe formar parte o no de las
obligaciones exigibles a la ciudadanía.
Mi
opinión al respecto se basa en los siguientes principios:
a) El principio del deber de trabajar debe sustituirse por un
planteamiento más abierto que haga referencia a la obligación de contribuir,
mediante la actividad personal, enmarcada o no en el sistema productivo
remunerado, al bienestar general de la comunidad política. Es esta idea más
amplia de participación en la actividad social a favor de la comunidad, más
allá del trabajo productivo remunerado, la que debería quedar asociada al
concepto de ciudadanía.
b) En tanto que elemento de aplicación efectiva del derecho a
la existencia, con carácter general, la garantía de acceso a la Renta Básica
debería primar sin embargo incluso sobre la obligación de participación en
actividades sociales a favor de la comunidad en los casos en los que se
detectara una actitud completamente apática o de alejamiento respecto a la
comunidad. La sociedad, sin embargo, sí podría exigir que las autoridades
públicas actuaran, recurriendo a estímulos positivos, para que se cumpliera la
obligación de contribución activa a la vida de la comunidad.
c) Sólo en casos excepcionales, bien definidos y siempre que
la propia supervivencia de la comunidad política estuviera en peligro, podría
llegar a exigirse mecanismos específicos de participación en el trabajo
productivo a las personas que no contribuyan activamente a la vida de la
sociedad.
2.Esta
aproximación al concepto de ciudadanía deja abierta la posibilidad de dejar
fuera de la Renta Básica a la población extranjera. En mi opinión, sin embargo,
debería extenderse el acceso a la protección a toda persona residente en el
territorio que cumpliera con las obligaciones exigidas a la población
ciudadana. La idea sería que toda persona extranjera que llega al territorio acabará
formando parte en un tiempo relativamente corto de la comunidad política.
Es necesario definir una política de
garantía de ingresos que combine la mejora de algunas de las prestaciones ya
existentes con la introducción de nuevas modalidades de Renta Básica
Analizando la
estrategia para construir un modelo de garantía de Renta Básica de Ciudadanía
en España a partir de 2015, resultaría conveniente asumir que lo que se
pretende construir es ante todo un sistema de garantía de ingresos suficientes
para toda la población residente. Dentro de ese planteamiento general, las
modalidades específicas de protección pueden ser diversas aunque con una
apuesta creciente por la aplicación de los programas específicos inspirados en
la filosofía de la Renta Básica.
En el contexto
español, hay dos ámbitos de intervención social ya en marcha que podrían ser
objeto de mejora en la línea de consecución del objetivo señalado:
a) En primer lugar, resulta necesario ajustar
al alza las cuantías de las actuales Prestaciones No Contributivas, consolidando
nuevas modalidades para cubrir –de forma estructural- a más colectivos de
personas desempleadas. Es importante redefinir estas prestaciones de forma que
se ajusten de forma más efectiva a los principios inspiradores de la Renta
Básica. El hecho de que se definan como prestaciones individuales lo hace
posible.
b) En segundo lugar, es preciso convertir el
actual sistema de Rentas Mínimas Autonómicas en un verdadero sistema estatal de
protección, estableciendo una última red de garantía para el acceso a unos
ingresos mínimos. Respetuoso del derecho de iniciativa autonómica y de su gestión
por las CCAA, este sistema debe contar con una base financiera del Estado para
garantizar una protección básica común, integrándose por esa vía en el sistema
general de protección estatal.
Sin perjuicio
de lo anterior, es necesario empezar a dar pasos significativos en la línea de
la introducción de programas específicos de Renta Básica. La prioridad
principal sería establecer una Renta Básica para menores, ligada al rango del
nacimiento (para prevenir estimular en su caso, la dinámica de la natalidad).
Sería una vía operativa para empezar a introducir prestaciones familiares que
permitieran abordar de manera decidida los problemas vinculados a la pobreza
infantil.
Esta reforma
podría implementarse de manera progresiva, incorporando inicialmente a los
grupos de renta baja y, progresivamente, al conjunto de la población. Conforme
se fuera aplicando este programa de Renta Básica debería procederse a la
eliminación del sistema de deducción por hijos/as en el IRPF.
Otra medida de
Renta Básica sería la que se derivaría del Fondo para la Renta Básica que
plantea Rafael Pinilla. Sus beneficiarios serían los contribuyentes a dicho
Fondo. La gestión de este Fondo, que podría ser gestionado en el ámbito
autonómico, sería independiente del sistema de Rentas Mínimas Autonómicas aun
cuando los ingresos personales derivados de este Fondo se computarían en estos
programas de garantía de ingresos autonómicos[1].
La apuesta en favor del sistema de
garantía de ingresos y de la Renta Básica debería combinar realismo y ambición
España se
enfrenta a grandes retos sociales en los próximos años, en particular al del
mantenimiento del actual sistema de pensiones. Este sistema se enfrenta al
acelerado proceso de envejecimiento de una población que sin embargo ha
consolidado un derecho a pensiones de cuantía media creciente respecto a
generaciones anteriores. El posible desajuste, puesto ya de manifiesto en la
necesidad de recurrir al Fondo de Reserva del sistema, se ve acentuado por la
significativa caída, a raíz de la crisis, de la población ocupada que deberá
sostener financieramente el sistema. En un contexto así, las propuestas de
reforma deben ser presididas por el realismo y la prudencia. España no podrá
permitirse reformas en el gasto que superen con creces el 2-3% del PIB. Estas
reformas deberán incluir, además de las medidas de Renta Básica y de garantía
de ingresos, la mejora de los servicios públicos, la sanidad, la educación o la
dependencia.
A la vista de
los dramáticos efectos de la crisis sobre la población, resulta sin embargo
igualmente necesario un mínimo de ambición. El esfuerzo inicial de reforma en
programas de garantía de ingresos desde el Estado no debería ser inferior al
0,5% del PIB español, aumentando de forma progresiva hasta el 1% en un periodo
de cuatro o cinco años. Este esfuerzo se basaría en una aportación fija a cargo
de los Presupuestos Generales del Estado.
Estas
aportaciones para las políticas de garantía de ingresos se completarían con las
que se derivaran de la introducción del Fondo para la Renta Básica que plantea
Rafael Pinilla.
La propuesta
recoge la necesidad de compatibilizar los programas de garantía de ingresos con
los ingresos por trabajo. Se trata de un planteamiento necesario para estimular
de forma positiva el acceso al trabajo, garantizar la protección a las personas
con bajos salarios y establecer un modelo en el que la participación en la
generación de recursos financieros para la sociedad se asocie a un mayor nivel
de garantía de ingresos que quienes no tienen esa participación.
Resulta por
tanto necesario un ajuste del sistema fiscal –en particular del IRPF- para
garantizar, para el conjunto de la sociedad, la correlación entre los ingresos por
actividad económica y los ingresos finales después de transferencias sociales,
recurriendo a una modalidad de créditos fiscales inspirada en el modelo
británico o a un sistema de impuesto negativo como el que habitualmente se
plantea en España de cara a la introducción de sistemas de Renta Básica. En su
defecto, podría pensarse en introducir en el sistema de rentas mínimas un
sistema de estímulos al empleo, similar al existente en Francia o en la
Comunidad Autónoma del País Vasco.
[1]
Podría
pensarse igualmente en modelos de Renta Básica para funciones profesionales
socialmente prioritarias pero que tienen un recorrido económico muy limitado en
el ámbito del mercado. Podría pensarse, por ejemplo, en una Renta Básica para
profesionales del mundo de la cultura que contribuiría a mantener la diversidad
en un sector que, dejado al libre mercado, podría acabar traduciéndose en unas
pocas, limitadas y concentradas expresiones. El Fondo previsto podría
destinarse en parte a esta finalidad.
Artículos relacionados:
Sobre la propuesta
inicial para una política de Renta Básica de Ciudadanía
El
primer modelo de propuesta que introduce Rafael Pinilla para el debate me
sugiere los siguientes comentarios:
La Renta Básica es incondicional pero no
exime de las obligaciones vinculadas a la pertenencia a la comunidad política
en la que se fundamenta la ciudadanía
1. Resulta acertada la insistencia sobre la C de ciudadanía en la aproximación al concepto de Renta Básica así como la referencia al contexto de pacto social en el que se inscribe una medida como esta
![]() |
| Luis Sanzo, Responsable de EPDS |
Es
sin duda ingenuo pensar que algunas de los ataques que se realizan a las Rentas
Mínimas no podrían extenderse a la Renta Básica. La crítica, conservadora pero
socialmente muy extendida, del supuesto parasitismo social de las personas beneficiarias
de las prestaciones sociales que no trabajan seguiría teniendo incidencia
incluso en el caso de que la protección a la población se fundamentara en la
Renta Básica.medida como
ésta.
Así
ocurriría, al menos, si el deber de trabajar siguiera incluyéndose entre las
obligaciones exigidas a ciudadanos y ciudadanas. En el caso español, este deber
se encuentra reconocido en el artículo 35 de la Constitución de 1978 (“Todos los españoles tienen el deber de
trabajar y el derecho al trabajo,…) y en su artículo 40 se recoge la
contribución de los poderes públicos a que tal derecho pueda hacerse efectivo,
al establecer que “realizarán una
política orientada al pleno empleo”.
Resulta
por tanto necesario considerar, en todo planteamiento de Renta Básica, las
obligaciones asociadas al concepto de ciudadanía. La cuestión más relevante en
este punto es si el deber de trabajar debe formar parte o no de las
obligaciones exigibles a la ciudadanía.
Mi
opinión al respecto se basa en los siguientes principios:
a) El principio del deber de trabajar debe sustituirse por un
planteamiento más abierto que haga referencia a la obligación de contribuir,
mediante la actividad personal, enmarcada o no en el sistema productivo
remunerado, al bienestar general de la comunidad política. Es esta idea más
amplia de participación en la actividad social a favor de la comunidad, más
allá del trabajo productivo remunerado, la que debería quedar asociada al
concepto de ciudadanía.
b) En tanto que elemento de aplicación efectiva del derecho a
la existencia, con carácter general, la garantía de acceso a la Renta Básica
debería primar sin embargo incluso sobre la obligación de participación en
actividades sociales a favor de la comunidad en los casos en los que se
detectara una actitud completamente apática o de alejamiento respecto a la
comunidad. La sociedad, sin embargo, sí podría exigir que las autoridades
públicas actuaran, recurriendo a estímulos positivos, para que se cumpliera la
obligación de contribución activa a la vida de la comunidad.
c) Sólo en casos excepcionales, bien definidos y siempre que
la propia supervivencia de la comunidad política estuviera en peligro, podría
llegar a exigirse mecanismos específicos de participación en el trabajo
productivo a las personas que no contribuyan activamente a la vida de la
sociedad.
2.Esta
aproximación al concepto de ciudadanía deja abierta la posibilidad de dejar
fuera de la Renta Básica a la población extranjera. En mi opinión, sin embargo,
debería extenderse el acceso a la protección a toda persona residente en el
territorio que cumpliera con las obligaciones exigidas a la población
ciudadana. La idea sería que toda persona extranjera que llega al territorio acabará
formando parte en un tiempo relativamente corto de la comunidad política.
Es necesario definir una política de
garantía de ingresos que combine la mejora de algunas de las prestaciones ya
existentes con la introducción de nuevas modalidades de Renta Básica
Analizando la
estrategia para construir un modelo de garantía de Renta Básica de Ciudadanía
en España a partir de 2015, resultaría conveniente asumir que lo que se
pretende construir es ante todo un sistema de garantía de ingresos suficientes
para toda la población residente. Dentro de ese planteamiento general, las
modalidades específicas de protección pueden ser diversas aunque con una
apuesta creciente por la aplicación de los programas específicos inspirados en
la filosofía de la Renta Básica.
En el contexto
español, hay dos ámbitos de intervención social ya en marcha que podrían ser
objeto de mejora en la línea de consecución del objetivo señalado:
a) En primer lugar, resulta necesario ajustar
al alza las cuantías de las actuales Prestaciones No Contributivas, consolidando
nuevas modalidades para cubrir –de forma estructural- a más colectivos de
personas desempleadas. Es importante redefinir estas prestaciones de forma que
se ajusten de forma más efectiva a los principios inspiradores de la Renta
Básica. El hecho de que se definan como prestaciones individuales lo hace
posible.
b) En segundo lugar, es preciso convertir el
actual sistema de Rentas Mínimas Autonómicas en un verdadero sistema estatal de
protección, estableciendo una última red de garantía para el acceso a unos
ingresos mínimos. Respetuoso del derecho de iniciativa autonómica y de su gestión
por las CCAA, este sistema debe contar con una base financiera del Estado para
garantizar una protección básica común, integrándose por esa vía en el sistema
general de protección estatal.
Sin perjuicio
de lo anterior, es necesario empezar a dar pasos significativos en la línea de
la introducción de programas específicos de Renta Básica. La prioridad
principal sería establecer una Renta Básica para menores, ligada al rango del
nacimiento (para prevenir estimular en su caso, la dinámica de la natalidad).
Sería una vía operativa para empezar a introducir prestaciones familiares que
permitieran abordar de manera decidida los problemas vinculados a la pobreza
infantil.
Esta reforma
podría implementarse de manera progresiva, incorporando inicialmente a los
grupos de renta baja y, progresivamente, al conjunto de la población. Conforme
se fuera aplicando este programa de Renta Básica debería procederse a la
eliminación del sistema de deducción por hijos/as en el IRPF.
Otra medida de
Renta Básica sería la que se derivaría del Fondo para la Renta Básica que
plantea Rafael Pinilla. Sus beneficiarios serían los contribuyentes a dicho
Fondo. La gestión de este Fondo, que podría ser gestionado en el ámbito
autonómico, sería independiente del sistema de Rentas Mínimas Autonómicas aun
cuando los ingresos personales derivados de este Fondo se computarían en estos
programas de garantía de ingresos autonómicos[1].
La apuesta en favor del sistema de
garantía de ingresos y de la Renta Básica debería combinar realismo y ambición
España se
enfrenta a grandes retos sociales en los próximos años, en particular al del
mantenimiento del actual sistema de pensiones. Este sistema se enfrenta al
acelerado proceso de envejecimiento de una población que sin embargo ha
consolidado un derecho a pensiones de cuantía media creciente respecto a
generaciones anteriores. El posible desajuste, puesto ya de manifiesto en la
necesidad de recurrir al Fondo de Reserva del sistema, se ve acentuado por la
significativa caída, a raíz de la crisis, de la población ocupada que deberá
sostener financieramente el sistema. En un contexto así, las propuestas de
reforma deben ser presididas por el realismo y la prudencia. España no podrá
permitirse reformas en el gasto que superen con creces el 2-3% del PIB. Estas
reformas deberán incluir, además de las medidas de Renta Básica y de garantía
de ingresos, la mejora de los servicios públicos, la sanidad, la educación o la
dependencia.
A la vista de
los dramáticos efectos de la crisis sobre la población, resulta sin embargo
igualmente necesario un mínimo de ambición. El esfuerzo inicial de reforma en
programas de garantía de ingresos desde el Estado no debería ser inferior al
0,5% del PIB español, aumentando de forma progresiva hasta el 1% en un periodo
de cuatro o cinco años. Este esfuerzo se basaría en una aportación fija a cargo
de los Presupuestos Generales del Estado.
Estas
aportaciones para las políticas de garantía de ingresos se completarían con las
que se derivaran de la introducción del Fondo para la Renta Básica que plantea
Rafael Pinilla.
La propuesta
recoge la necesidad de compatibilizar los programas de garantía de ingresos con
los ingresos por trabajo. Se trata de un planteamiento necesario para estimular
de forma positiva el acceso al trabajo, garantizar la protección a las personas
con bajos salarios y establecer un modelo en el que la participación en la
generación de recursos financieros para la sociedad se asocie a un mayor nivel
de garantía de ingresos que quienes no tienen esa participación.
Resulta por
tanto necesario un ajuste del sistema fiscal –en particular del IRPF- para
garantizar, para el conjunto de la sociedad, la correlación entre los ingresos por
actividad económica y los ingresos finales después de transferencias sociales,
recurriendo a una modalidad de créditos fiscales inspirada en el modelo
británico o a un sistema de impuesto negativo como el que habitualmente se
plantea en España de cara a la introducción de sistemas de Renta Básica. En su
defecto, podría pensarse en introducir en el sistema de rentas mínimas un
sistema de estímulos al empleo, similar al existente en Francia o en la
Comunidad Autónoma del País Vasco.
[1] Podría pensarse igualmente en modelos de Renta Básica para funciones profesionales socialmente prioritarias pero que tienen un recorrido económico muy limitado en el ámbito del mercado. Podría pensarse, por ejemplo, en una Renta Básica para profesionales del mundo de la cultura que contribuiría a mantener la diversidad en un sector que, dejado al libre mercado, podría acabar traduciéndose en unas pocas, limitadas y concentradas expresiones. El Fondo previsto podría destinarse en parte a esta finalidad.
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jueves, 8 de enero de 2015
España, líder en desigualdad y pobreza, a la cola en la lucha contra la exclusión
España, líder en desigualdad y pobreza, a la cola en la lucha contra la exclusión social. ¿Ayuda la reforma del IRPF de 2015 a cambiar esta situación?
En comparación con Europa España dedica muy pocos recursos a los pobres
Nos estamos acostumbrando a que España sea uno de los países con mayor desigualdad en Europa y en el que mayor proporción de la población se encuentra en riesgo de pobreza (cerca del 21% con los últimos datos de la Encuesta de Condiciones de Vida de 2013). Pero quizá lo más escandaloso es que tengamos casi 3 millones de personas en situación de pobreza extrema. En este país este tipo de noticias se publican, producen cierto revuelo transitorio, y luego se olvidan. La realidad es que dedicamos muy poco esfuerzo en España a luchar contra la pobreza, como se pude observar en el gráfico en el que se muestra con datos de la UE la proporción de gasto social que dedican los diferentes países a la lucha contra la exclusión y a la garantía de rentas. Vemos que España dedica incluso menos que Grecia y Portugal.
Su queremos parecernos más a un país europeo normal ¿No sería preferible hacer algo por los más pobres antes de bajar los tipos del IRPF?
Acabamos de inaugurar el año 2015 y muchos analistas y comentaristas se felicitan de que en 2014 se haya creado algo de empleo por primera vez en muchos años. Parece que sí, que la economía muestra débiles signos de crecimiento y el Gobierno se ha apresurado a "bajar los impuestos". ¿Se acuerdan de que 2015 es un año electoral? El comentario más celebrado estos primeros días del año en las tertulias que juegan a crear opinión política es "nos alegramos de que el dinero vuelva a estar en las manos de la gente en vez de en manos del Estado".
La cuestión es que el Gobierno, después de haber subido todo tipo de impuestos, ha podido elegir qué impuestos bajar y a elegido bajar los impuestos directos. Según cálculos del propio Gobierno con la reforma del IRPF se devuelve a manos de la gente unos 6.000 millones de euros al año (3.400 ya en 2015 y 2.600 adicionales a partir de 2016), lo que ayudará a reactivar la economía por la vía de la demanda. Y con bastante cinismo se dice que esta reforma se ha hecho para "beneficiar a las personas con ingresos más bajos". Lo que no se dice es que esta rebaja del IRPF no va a llegar ni un solo euro a los más pobres, porque los más pobres no hacen la declaración del IRPF. Sin embargo sí han tenido que sufrir también los más pobres la mayor presión fiscal de la subida del IVA, los precios de los medicamentos al incrementarse el copago farmacéutico, el incremento de impuestos especiales sobre tabaco, alcohol y carburantes, etc. No me parece mal que se devuelvan ingresos a la gente, pero yo pediría que se alivie primero la carga de los más pobres ¿No es esto de humanidad y sentido común? Me figuro que hasta el Papa Francisco estaría de acuerdo en esto.
Que seamos casi el país con mayor desigualdad económica y mayor proporción de pobres de la Eurozona no es un hecho fortuito de la naturaleza. Es una elección social y política, de nuestros lideres políticos a quienes votamos. Así que somos cómplices. Yo soy un privilegiado. Me dicen que cuando vea la nómina de final de enero veré que me pagan quizá 20 o 30€ más. La primera subida que tenemos los funcionarios en 5 años. Personalmente hubiera preferido que el Gobierno hubiera decidido empezar por aliviar la carga de los más pobres, los más castigados por la crisis y por los políticos que vienen gobernando este país en los últimos 30 años. Pero, una vez más, no lo han hecho así. Quizá porque entre los más pobres hay hoy día muchos inmigrantes que no tiene derecho a voto. Quizá porque, en cualquier caso, los pobres van poco a votar y una parte de ellos, no se sabe si por que se dejan engañar o porque se equivocan, acaban votando a quienes más les castigan.
La cuestión para el debate es si con una fracción del coste de la reforma fiscal del IRPF podemos crear una renta básica para reducir significativamente la pobreza
Más precisamente la pregunta a responder sería esta: ¿Con un presupuesto máximo de 6.000€ al año podemos acabar con la pobreza extrema en España? Francisco Lorenzo, coordinador del equipo de estudios de Cáritas y de FOESSA estimó que bastaría con 2.600 millones de euros para establecer un sistema de garantía de rentas mínimas que llegase al medio millón de hogares y casi un millón y medio de personas que se encuentran en España en situación de pobreza extrema. Si esto fuese cierto, con un coste notablemente inferior a los 3.400 millones de euros que dejará de ingresar la Hacienda pública durante 2015 se podría acabar con la pobreza extrema en España. Según mis cálculos ni siquiera hace falta tanto. ¿Podemos estimar la cantidad necesaria a partir de los datos disponibles?
Se trata de un cálculo relativamente sencillo de hacer. Empezamos por ir a los últimos resultados disponibles (de 2013) de la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) en el apartado de personas en riesgo de exclusiòn social. De ahí podemos obtener el porcentaje de personas que se encuentran en situación de carencia material severa por CCAA. Multiplicando estos porcentajes por la población de cada CCAA obtenemos el número de personas en esta situación por CCAA y en el conjunto de España. Ahora ya sólo necesitamos saber cuánto dinero habría que transferirles. Para ello fijamos como objetivo determinar el presupuesto que sería necesario para poder cubrir a toda esta población necesitada con los actuales sistemas de Rentas Mínimas de Inserción (RMI) de las CCAA. Obtenemos los importes de las rentas mínimas en cada CCAA del Informe sobre Rentas Mínimas 2013 del Ministerio de Sanidad Servicios Sociales e Igualdad. Finalmente multiplicamos el número de personas pobres en cada CCAA por la renta básica que le correspondería por su residencia. En realidad, las CCAA nunca asignan tanto dinero a los pobres ya que sólo asignan la cantidad básica de la RMI (renta mínima de inserción) a la persona que figura como titular del hogar y cantidades decrecientes al resto de las personas que conviven con él (normalmente se recibe entre 15-30% adicional por cada persona dependiente hasta un máximo que no puede superar el Salario Mínimo o poco más). Es decir, que las cantidades que estamos calculando aquí están bastante sobreestimadas. El resultado de este cálculo se puede ver en la tabla siguiente.
| CCAA | Tasa de carencia material severa | Pobreza extrema antes de RMI | Cobertura actual de pobres por RMI | Pobreza extrema sin RMI en la actualidad | RMI básica por CCAA en 2013 | Presupuesto: extensión de RMI actual a todos los pobres |
| ANDALUCÍA | 7,0 | 748.967 | 21,12% | 590.821 | 400,09 € | 236.381.574 € |
| ARAGÓN | 3,3 | 69.722 | 36,24% | 44.456 | 441,00 € | 19.605.074 € |
| ASTURIAS | 4,2 | 72.011 | 37,70% | 44.863 | 442,96 € | 19.872.483 € |
| BALEARES | 10,4 | 123.040 | 6,04% | 115.614 | 425,70 € | 49.216.921 € |
| CANARIAS | 8,5 | 192.026 | 6,22% | 180.088 | 472,16 € | 85.030.216 € |
| CANTABRIA | 3,9 | 32.641 | 29,28% | 23.084 | 426,01 € | 9.833.858 € |
| CASTILLA-LA MANCHA | 5,8 | 127.593 | 4,49% | 121.858 | 372,76 € | 45.423.745 € |
| CASTILLA Y LEÓN | 1,8 | 71.611 | 36,66% | 45.358 | 426,00 € | 19.322.402 € |
| CATALUÑA | 6,1 | 523.416 | 11,97% | 460.773 | 423,70 € | 195.229.372 € |
| CEUTA | 15,3 | 14.276 | 9,78% | 12.880 | 300,00 € | 3.863.862 € |
| EXTREMADURA | 3,7 | 44.043 | 7,25% | 40.848 | 399,38 € | 16.313.933 € |
| GALICIA | 4,6 | 151.692 | 16,12% | 127.233 | 399,38 € | 50.814.411 € |
| MADRID | 7,3 | 537.921 | 11,85% | 474.175 | 375,55 € | 178.076.505 € |
| MELILLA | 14,8 | 14.789 | 16,26% | 12.384 | 387,18 € | 4.795.028 € |
| MURCIA | 9,0 | 139.342 | 4,92% | 132.484 | 300,00 € | 39.745.323 € |
| NAVARRA | 0,6 | 35.617 | 89,14% | 3.867 | 548,51 € | 2.121.012 € |
| PAÍS VASCO | 4,8 | 241.259 | 56,40% | 105.201 | 662,51 € | 69.696.540 € |
| LA RIOJA | 6,6 | 23.466 | 9,43% | 21.254 | 372,76 € | 7.922.560 € |
| C VALENCIANA | 7,1 | 394.463 | 7,96% | 363.081 | 385,18 € | 139.851.488 € |
| TOTAL | 6,2 | 3.559.620 | 17,91% | 2.922.047 | 418,99 € | 1.193.116.305 € |
Podemos observar que si hubiera un medio sencillo y eficaz de hacer llegar la renta básica a los más pobres bastaría con unos 1.200 millones de euros al año para acabar con la pobreza extrema en España. Esta cantidad es ciertamente grande, pero poco más de la tercera parte de lo que la rebaja electoralista del IRPF costará al Estado durante el año 2015. ¿Y este Gobierno se atreve a llamar populistas a los que proponen tomar medidas eficaces para acabar con la pobreza?
Ciertamente, no he entrado a valorar en este post de qué modo podemos hacer llegar el dinero de la renta básica garantizada a los más pobres. Dejamos este asunto para próximas publicaciones. En cualquier caso la conclusión es clara: sí existe margen con los recursos disponibles en la España de 2015 para hacer una política de reducción de la pobreza y la desigualdad. Y es evidente que el Gobierno actual --que ha castigando y empobrecido a los más pobres de entre los pobres-- ha elegido también hacer una reforma que no beneficiará en absoluto al tercio de personas más desfavorecidas de España y de la que se beneficiarán en mayor cuantía el 0,5% de los hogares con rentas más elevadas. Eso sí, la mayoría de los españoles, o al menos los que todavía formamos parte de las clases medias, recibiremos algunas migajas con la esperanza de que no veamos lo evidente, que esta reforma mantiene en la pobreza a los más pobres y aumenta la desigualdad todavía un poquito más.
Rafael Pinilla Pallejà
Doctor en Economía Aplicada Cuantitativa
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